Políticas viales de reducción de semáforos.

Resulta muy complicado imaginar un paisaje urbano sin pensar en los semáforos. Como personas y peatones, nos hemos acostumbrado a movernos a través de los ciclos semafóricos hasta tal punto que no concebimos la idea de una ciudad sin ellos. En el año 2011 la ciudad de Mahón (29.000 habitantes) situada en la isla de Menorca retiraba su último semáforo utilizado para gestionar el tráfico. Según el Inspector de Policía Local de la ciudad «los accidentes han disminuido de golpe».

No vamos a explicar la historia de los semáforos y su irrupción en las urbes a comienzos del siglo XX. De hecho el primer semáforo se puso el 19 de enero de 1926 en Madrid entre Alcalá y la actual Gran Vía. Desde entonces los semáforos no han dejado de multiplicarse hasta tal punto que en Madrid -en el 2011- se contabilizaron 21.000 báculos semafóricos. Zaragoza tiene unos 7.000 semáforos.

Hoy en día son las propias asociaciones y entidades vecinales las que, por lo general, piden más semáforos, pues consideran que son el sistema que permite cruzar una vía ancha con mayor seguridad. Sin embargo, hay otros que piensan de forma diferente.

En general cuanto menos semáforos mejor.

Según Pilar Vega, experta en transporte del grupo de estudios GEA21, en general cuantos menos semáforos mejor. Somos muchos los que opinamos que es así pues concebimos que el urbanismo y los viales deben diseñarse para que los peatones tenga prioridad. Esta geógrafa considera que los semáforos se necesitan solo en entornos urbanos en los que sigue dominando el coche. Resulta evidente que la única forma de poder cruzar una calle ancha de varios carriles sin riesgo de ser atropellado es que se encienda antes la luz roja para los automóviles. Ahora bien, según Vega, el semáforo sobra cuando se diseña el espacio para que tengan prioridad los peatones y los automóviles deban reducir su velocidad. Como explica, esto se consigue estrechando las vías para los coches, elevando la calzada en los pasos de cebra, poniendo pequeñas rotondas…

En Zaragoza hay muchos sitios en donde se podrían quitar semáforos.

El caso más extremo es el de «espacio compartido», un concepto urbano consistente en retirar todos los semáforos y señales de tráfico, lo que hace que los vehículos vayan mucho más despacio y que los ciudadanos presten más atención a los demás. Evidentemente para llegar a este punto hace falta una verdadera cultura de la Educación Vial, por lo que por el momento esta opción está descartada. No obstante lo más similar a esta propuesta pasaría por poner en ámbar determinados semáforos de la ciudad.

Por lo que respecta a Zaragoza, lleva aplicando desde hace muchos años políticas de expansión semafórica en cada pastilla urbana que se crea. Barrios recientes como Arcosur o Parque Venecia han visto incrementar sus báculos semafóricos multiplicando las luces que regulan el tráfico en vez de apostar por un diseño urbano más amable con el peatón. Una auténtica oportunidad perdida para empezar a diseñar entornos en donde el peatón sea el principal actor.

Aplicar medidas de reducción de semáforos podría suponer un ahorro de entre 500.000 y 1 millón de euros para el Ayuntamiento de Zaragoza.

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