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Ayuntamiento Barrios

Los vecinos reclaman silencio y el Ayuntamiento pasa de ellos.

Conciliar el derecho al descanso de los vecinos con el ocio es un debate eterno que se vive en las zonas de bares de Zaragoza. Esta polémica hoy en día se encuentra muy presente en dos zonas en Zaragoza: la Magdalena y Casco Histórico.

En el caso de la Magdalena empezó como una iniciativa hostelera para dinamizar la zona, el problema es que la gente consume y monta sus fiestas en la calle. Es un problema de civismo que existe en algunas zonas de Zaragoza.

IU manifestó que no quería a la Policía Local en la Magdalena. 

Todavía recuerdo como en el 2014 el ex-concejal de IU José Manuel Alonso (ya retirado de la actividad política) manifestó en un Pleno del Ayuntamiento de Zaragoza que no quería la presencia de la Policía Local y de la UAPO en la Magdalena. Curiosamente, la gente -a la que dicen representar- solicita todo lo contrario. Los vecinos reclaman más presencia policial y que se aplique la Ordenanza de Ruidos de Zaragoza.

El problema del ‘juepincho’ es que la gente no está en los bares sino en la calle gritando, bebiendo, armando jaleo… y en algunos casos hasta las 3 de la mañana.

Pero ahora es muy difícil armonizar todos estos problemas pues fue IU (ahora Zaragoza en Común) quien impulsó la supresión de la Ordenanza Cívica de Zaragoza. Ordenanza que preveía este tipo de problemas con sanciones económicas y que Izquierda Unida consiguió que se suprimiera dicha ordenanza por razones ideológicas.

En Las Armas más de lo mismo.

En la calle Las Armas ocurre más de lo mismo y, a pesar de que el Ayuntamiento es muy conocedor de este problema, lejos de poner medidas sigue impulsando actividades que chocan de lleno con el descanso vecinal hasta tal punto, que hace unas semanas la Policía Local de Zaragoza sancionó por la Ordenanza de Ruidos una de las actividades que se celebraron en Las Armas por el ruido que generaba.

En este aspecto varias asociaciones del Casco Histórico se han unido para luchar contra la suciedad, la saturación y el modelo de ocio que impone Zaragoza en Común, manifestando su deseo de que se aplique la Ordenanza de Ruidos que prevé sanciones a quienes entre las 22h y las 8h causen molestias gritando, cantando o vociferando…

El Ayuntamiento dice que la solución es mediar.

El Ayuntamiento de Zaragoza dice que la solución a este conflicto pasa por la mediación. Nada mas alejado de la realidad y de la nube en la que parecen vivir algunos. La mediación es el ejemplo de lo que no funciona en el Casco Histórico en donde hay carteles de una asociación (próxima a Zaragoza en Común) donde invita a que los vecinos no tiren la basura a calle… el caso es que todos los días hay basura en los portales y tiene que pasar un camión de FCC a limpiar.

Lo mismo ocurre con Las Armas y la Magdalena. En Zaragoza el derecho al descanso vecinal no se respeta y no se tiene en cuenta. Se impulsa y se priman actividades que generan ruido y molestias frente a un ocio más constructivo y vecinal.

¿Cuál es la solución?

Se trata sin duda de un problema de educación. El ejemplo más claro lo tenemos en una denuncia que interpuso la Policía Local a Tamara Marzo (su nombre es público porque salió en televisión) la noche del 7 de enero de 2017. La Policía Local (AUPO) le formuló un boletín de denuncia por sentarse en mitad de la calle obstaculizando el paso. De hecho eran varios los vehículos que tenían que ‘esquivarla’ y pasar ‘muy despacio’ para no atropellarla. No era la primera vez que la Policía Local advirtió a la denunciada de que no debía ponerse así y que se apartara a la acera, a lo que la denunciada pasó olímpicamente de las indicaciones de la policía y mantuvo su postura de sentarse en la calzada. Finalmente la Policía Local le formuló denuncia pese a que le había advertido en dos ocasiones.

Después vienen las lamentaciones y las críticas y contar la historia en platós de televisión (es lo que hizo). Pero no dijo nada de que era la segunda vez que le informaban de que no podía estar así y de que había numerosas quejas vecinales por las molestias que generaban.

La gente en general cuando está de celebración le cuesta entender que hay gente con otras necesidades y derechos y que son igualmente importantes que los propios. Es un acto de civismo y de educación. Cuando eso falla es cuando debe actuar la Administración y en este caso, debe imponer sanciones porque prima el descanso vecinal que el derecho al ocio.

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